He tardado dos dÃas en llegar a mi hogar en la Navarra profunda. He debido bajar a Madrid y pernoctar en otra ciudad. Cuatro trenes, dos autobuses, pata y coche de por medio. Me dicen que Renfe asumirá gastos… Algunos sindicatos minoritarios optaron por seguir con la huelga de maquinistas pese a que la inmensa mayorÃa de los trabajadores daban por buenos los acuerdos alcanzados con el Ministerio de Transportes. Quiero creer que el maquinista que nos dejó colgados en Ourense vivió, siquiera puntualmente, algún escozor de conciencia, que le quemaban las llaves del tren en su bolsillo, que en algún momento en la taberna en la que malgastarÃa la jornada visualizó un andén vacÃo y colmado de almas desamparadas. El problema de nuestra civilización no es tanto este o ese otro gobierno, sino la terrible filosofÃa tan extendida del “sálvese quien puedaâ€. Mientras que no nos acordemos del otro, de su maletas, de su tiritar, de su desamparo y sólo pensemos en nuestros intereses habrá poco que hacer. Para los viajeros del frustrado Alvia ha sido una prueba puntual de tolerancia y paciencia, pero hay muchos que siguen en ese andén del desconcierto, que no acarician el cartón de ningún billete, que no les alcanza para coger ninguna pensión en ningún barrio, que no saben en realidad a qué tren apuntarse cuando finalice la huelga, pues desconocen si habrá algún lugar en el que serán acogidos. Antes que la ideologÃa que confronta están los principios que aúnan, los valores universales de la empatÃa, la amabilidad y la solidaridad. Estas letras son por supuesto para los sindicatos que nos dejaron abandonados, que levantan puño pero cierran y hasta qué punto corazón. Son también defensa de las polÃticas que no dejen abandonados a nadie, reivindicación de que no haya ningún andén de gente desconcertada, desasistida, para que cada quien tenga asiento confortable y calefactado rumbo a su destino. Navarra 12 de febrero de 2026 |
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