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REDEFINIR PROGRESO

Durante mucho tiempo en el seno de nuestra sociedad el vórtice liberador se encontraba entre quienes intentaban fomentar unas condiciones dignas de trabajo y de vida. En la órbita occidental y a lo largo de los siglos XIX y XX las llamadas izquierdas eran las que más rotundamente apostaban por ello. En ellas reposaba, sin lugar a dudas, la mayor fuerza emancipadora. En lo que respecta a nuestro país en la lucha por las libertades las izquierdas se manifestaron también especialmente comprometidas y beligerantes.

Ha pasado el fragor de la batalla. Los referentes fundamentales han caído. Nicaragua, Cuba, Venezuela chavista… no hay quien las defienda. En España “la peña†permanece dividida sin posibilidad alguna por lo tanto de acercarse de nuevo a la Moncloa. La izquierda se encuentra de repente meditabunda en el confortable y peligroso salón de su casa. Goza de libertades y de garantías materiales más que básicas. Le da para Netflix, para una vida sin angustias. Tiene para “carro†con el que dejar la recalentada urbe en verano, para renovar la cocina y para dar toda la educación que demanden sus hijos.

Pero esas condiciones materiales a la postre no bastaban. En ello alguien llama a la puerta y le propone a nuestro histórico y sexagenario militante ir a una experiencia de “mindfulnessâ€, un retiro de silencio en la naturaleza para relajar su desasosiego. En un funeral de tanatorio el conductor del acto sorpresivamente pone en duda nuestra condición finita y mortal, adelanta que no necesariamente estábamos marcados con fecha de caducidad, que nuestra esencia bien podía gozar de recorrido de eternidad. En el “poteo†de los viernes alguien aborda el tema de la muerte con una perspectiva trascendente. Animado por varios “zuritos†sugiere que quizás el alma viva, que en realidad no ha marchado, que sólo ha cambiado de condición… Para colmo llega Rosalía con sus místicas a cuestas, Ruiz de Azúa santificando “sus domingosâ€, su sobrino con los discos de “Hakuna†y el vecino con su invitación a apuntarse juntos los martes y jueves a yoga…

La izquierda algo despistada y acorralada, busca cómo salir de este embrollo existencial. Atendidas, en mayor o menor medida, las reivindicaciones legendarias, cierta porción de militantes inquietos se dispusieron a hollar nuevos pasos de una siempre pendiente emancipación, mientras que otros se acorazaron. Fuerzas de supuesto progreso claman un sonoro “stopâ€. Al día de hoy, muchos intelectuales progresistas se lanzan a la carga de cuanto se mueve en la esfera espiritual.

Entre las fuerzas de progreso se ha adueñado cierto malestar por la manifestación de signos exteriores que implican un acercamiento de buena parte de la población hacia un sentimiento de refugio en lo intangible. A veces ese sentimiento se canaliza a través de religión católica, aún preponderante en nuestro país y otras no. En la órbita militante de izquierda hay un severo cuestionamiento de la actitud de búsqueda interior que medra por doquier. El gran interrogante pendiente es hoy dónde habita el progreso, dónde se halla, germina; dónde se dispone a brotar en incuestionable esperanza ¿Dónde ahora la fuerza que emancipa, que libera, que permite que evolucionemos hacia cotas de mayor desarrollo humano?

Paradójicamente quienes en su día estuvieron en la vanguardia de la emancipación humana, hoy podrían estar frenando historia. Emancipación humana bien podría vincularse a nuestra mejora integral, al aumento de nuestra paz más íntima, a la perspectiva inmortal. Aflora un alma desconocida que de repente puede dar recorrido y por lo tanto mañana a nuestra condición sobre la tierra. En esa línea, bien podríamos asociar “reacción†a la negación de esa alma, al freno a esa maduración global.

Izquierdas y derechas vayan desapareciendo en medio de esa nada en realidad inexistente y reparemos en los valores que nos unen, no en las ideologías que nos separan. Hará falta más que unos “zuritos†para que el “OM†surja de los labios entrenados para la consigna urgida, pero habrá que intentarlo. Esto no va de “guardar las fiestas†en los domingos, de acercarnos apresurados a la pila bautismal… Esto tampoco puede ir de una nueva confrontación en el ya herido panorama social español. Nada de dialéctica hegeliana, tampoco de terraza en que se acaloren los nuevos místicos y los dinosaurios de “la gauche divineâ€. Esto va sencillamente de sentir o no que éramos en la tierra para algo más que morar, trabajar, reproducirnos los sábados e ir a Anoeta los domingos.

Tras un pasado laico, emerge un tiempo más sagrado. Aquí sólo gana el anhelo de ayudarnos mutuamente. Esto va de reinventarnos cada quien a su manera, de invitarnos a vivir el supremo privilegio de estar en la tierra creciendo y compartiendo; de ensayar ser más amor y donación; de rayar en mayor paz, armonía, belleza, compasión... Esto va de intentar construir unidos un mundo mejor y más fraterno, teniendo además en cuenta que quizás se nos brinde la bendita oportunidad de volver a bajar.

 
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