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Ante las elecciones europeas

Estamos muy lejos del escenario ensangrentado. Hace sesenta años nuestro continente era pasto del fuego, la bomba y la metralla y hoy acudimos a elegir un Parlamento común. Lenta pero avanza esa historia que empujamos con el doble motor del dolor y de la esperanza. Basta caminar por los cementerios bélicos para curarse de euroescepticismo. Basta poner un rostro a alguna de esas cruces regadas entonces por millones para valorar el presente que gozamos.

Basta ver desfilar a los veteranos del “Día Dâ€, apurando todas sus fuerzas en un paso más emocionado que marcial, para que un sentimiento de gratitud infinita nos inunde y así volver a creer en Europa. Bastaba desembarcar hace ahora sesenta años en aquellas peligrosas arenas para merecer laureles de gloria. La Europa cuyo Parlamento votamos el día 13 de junio está sostenida por esos heroísmos en su inmensa mayoría anónimos.

Las naciones que ayer se destrozaban, hoy se abrazan en el mismo escenario de la batalla y su lazo es de por vida. Nunca volverán a enfrentarse en la guerra. Es inconcebible el retorno a la trinchera. El sufrimiento y la muerte terminaron por unir a los pueblos y las gentes.

El mundo avanza en su carrera tras el perdón y Europa da hermoso ejemplo en las playas de Normandía. Chirac y Schröder han escenificado el pasado domingo un acto de unidad y reconciliación para incluir en todos los manuales de historia. La civilización avanza a golpe de perdón. No hay futuro concebible desde el rencor y el odio. La memoria brilla cuando está limpia de ese ácido que corroe.

Las urnas de hoy eran ayer impensables. Tan dura historia muta el derecho de voto en deber. Votemos, pues, el domingo por quienes corrieron entre las balas en las de las playas de Omaha y Utha, por quienes no pudieron sortear la dura balacera y dejaron su sangre en sus arenas. Votemos por los 55 millones de muertos en la última contienda planetaria. Votemos por quienes, con el estómago vacío, apuntalaron el continente desde las ruinas.

Votemos por los soldados de todos los frentes, de todas las trincheras, de todos los siglos que murieron en nuestro viejo continente para enseñarnos la imprescindible lección de la paz. Votemos por todas las víctimas de cada una de las guerras que durante siglos abonaron nuestro suelo para que ahora tornara fértil. Votemos por el odio calcinado, por la esperanza sostenida con los brazos de veinticinco naciones por fin hermanadas.

Votemos por los que ayer nunca se acercaron a las urnas, por los que soñaron pero no vieron la Europa unida. Votemos por los veteranos que hace unos días pusieron rostro a tan grande ejemplo y sacrificio.

Votemos por las banderas, por los pueblos, por las arenas, por los destinos siempre unidos… Votemos por la Europa que se alza firme contra la guerra en el desierto lejano, por la Europa capaz de arbitrar una justa paz en Oriente Medio…

Nadie duda de que Europa se puede hacer mejor, pero ello no podrá justificar las espaldas a Europa. Votemos para que crezca la Europa verde, y abierta de los pueblos y de las naciones, la Europa de memoria viva y solidaria como el mejor activo en la construcción de un mundo definitivamente diferente.

 
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