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¡Brindemos por la paz!

Aquí no sobra nadie. Ya nos apresó por tiempo la prudencia, ya nos plegamos a todas las continencias. ¡Brindemos por los diques desbordados y la dicha hasta hoy postergada, por toda la alegría que antes no descorchamos, por todos los gozos que ayer aguardaron!
Ahí va esta copa. Es la hora de la victoria de todos y el perdón no es una quimera.¡Bendita tierra esa que sobre los escombros de un viejo odio empieza a ver levantarse una nueva casa para todos!

¡Brindemos!

Tardarán en arriarse puños y fobias, en abrirse nudos y flores. Tardaremos aún en fundir todo el metal escondido, en desmontar barricadas en las veredas de adentro. Tardará el viento en desnudar la aurora. Tardaremos en barrer todo el rencor del hondo de las pupilas… Tardaremos hasta una sola mesa engalanada, hasta un solo techo abovedado, hasta un mismo paso amigo, un mismo horizonte compartido... Tardaremos hasta el corazón reciclado, la herida cicatrizada y el abrazo consolidado.

Cierto que resta por andar, cierto que falta por atar, mas buena parte del futuro suspirado ya nos ha alcanzado. El cielo no se conquista de un asalto, tampoco la paz gloriosa, pero ya no hay vuelta atrás y las copas pueden alzarse en alto.

¡Desempolvemos los cristales guardados! ¡Brindemos pues! ¿Cuándo sino ahora? Doctorados en paciencias, ¿ para cuándo los mejores caldos, sino escanciamos ahora? ¿Para cuándo las copas del domingo perpetuado? Tantas veces postergamos la Hora grande de la tregua. Tanto tiempo aguardando silenciara el fuego. No dejemos el brindis para mañana, hoy que brillan vidrios y brisas, hoy que rompen olas contenidas, hoy que amanece en júbilo.

Aquí no sobra nadie. Ya nos apresó por tiempo la prudencia, ya nos plegamos a todas las continencias. ¡Brindemos por los diques desbordados y la dicha hasta hoy postergada, por toda la alegría que antes no descorchamos, por todos los gozos que ayer aguardaron!

Ahí va esta copa. Es la hora de la victoria de todos y el perdón no es una quimera.¡Bendita tierra esa que sobre los escombros de un viejo odio empieza a ver levantarse una nueva casa para todos!

“Itzal-zokoetan lore, izotz-bitxia, baña gañetaz ari yauntzen eguzkia†(X. Lizardi) Zorionak guztioi! Pakea izan dezagun Euskal-Herrain orain eta beti!

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Zorionak guztioi! (¡Felicidades a todos!) Así finalizaban los SMS que llovían en nuestros móviles en esa tarde del 22 de Marzo que difícilmente olvidaremos. No en balde era el mensaje de fin de la violencia de ETA que buena parte de nuestra vida habíamos aguardado.
¡Felicidades, pues, desde lo más hondo por esta gran hora que entre todos hemos conquistado! Por la vida que renace ahora en plena libertad. Por la esperanza que con fuerza brota y que nadie podrá ahogar en nombre de nada.

Por todos los que siempre creyeron y confiaron en que este día llegaría. Por los artesanos de la paz de todos los signos, que nunca desfallecieron y hoy ven colmados sus más elevados anhelos. Por los que en cuerpo y alma se entregaron a la noble causa del fin de la violencia.

Por las calles y plazas ya nunca más ensangrentadas. Por todos los que, en una u otra medida, han padecido el duro azote de este conflicto. Para que el dolor traiga la debida recompensa de compasión y amor. Por los que partieron, para que renazcan en la sonrisa de los que ya están llegando. Por los civiles, militares, policías, guardias civiles y ertzainas que cayeron y dieron así testimonio de suprema entrega en sus tareas. Por los que dentro de ETA hicieron saltar las primeras alarmas y al invitar a la vía política pagaron vida.

Por los violentos de ETA que también dejaron su cuerpo, por los que ayer erraron al segar o herir vidas y hoy emprenden nuevos caminos. Para que nunca se arrepientan del paso ahora dado, para que el daño que originaron les espolee en el presente en su contribución al bien de la comunidad. Por los que hoy reconsideran su actitud violenta, porque nadie se libra de la tentación de errar y caer, de hacer sufrir consciente o inconscientemente a sus semejantes. Para que su fuego alumbre y no arrase, para que su pasión cree, edifique y no destruya.

Por las generaciones que vendrán, para que olviden que aquí se mató por pensar diferente; para que no se hallen en la necesidad de defender la vida de su prójimo, para que nunca nadie peligre por sentir u opinar en forma distante.

Para que ya nadie camine mirando para atrás, para que todos heredemos horizontes. Por los paseos sin sombras de los concejales y políticos, por sus caminos sin escolta, ni acecho. Por los guardaespaldas que se van de pesca, o de setas, por los coches que arrancan y no explotan.

Por los empresarios, por el correo siempre deseado que se merecen. Por su abrecartas sin temblor, por su paz sin pagos, por su tranquilidad sin contrapartidas. Por los políticos que gestionan nuestra esperanza, para que no la arruguen o maltraten, para que gracias a ellos crezca y permanezca.

Por el recuerdo privado de rencor, por la enseñanza y madurez que ya aflora de los malos momentos que pasamos. Por el perdón que abre todas las puertas y caminos. Por una nueva era sin vencedores, ni vencidos. Para que esta paz florezca en reconciliación, pues sólo así perdurará y perfumará por siempre.

Por la resolución pacífica y armónica de todos los conflictos. Para que treguas definitivas como ésta se anuncien en todos los rincones de violencia. Para que las lanzas y las armas tornen en arados en toda la Tierra.

Ahora y siempre, así sea.

 
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