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“Ni vencedores, ni vencidosâ€

No he descubierto aún para qué sirven las victorias, cómo se utilizan, en qué se invierten… Ruego alguien me lo explique. Veo urgencia de alcanzar la paz, pero no de infligir derrotas. No hay atajos para la paz, pero sí un trayecto más breve por nombre perdón. No se trata de eludir las barbaridades cometidas por ETA, se trata de asumir también nuestra propia responsabilidad en el proceso, de dejar claro que la ansiada paz pasa por la expresión de una creciente voluntad reconciliadora. El Parlamento vasco invita a iniciar aquí y ahora ese camino magnánimo, imprescindible.

Merecemos la paz, nadie puede a estas alturas acallar tan poderoso anhelo. ¿Qué ganamos con la derrota? ¿Quién la demanda? ¿Nobleza o rencor, bondad o vanagloria? Propiciemos salida digna a los violentos ahora que parecen callar para siempre, que se manifiestan por fin dispuestos a acatar la voluntad del pueblo y las formaciones políticas que lo representan. Vivimos una esperanza que nunca hemos conocido, que no deseamos nadie marchite.

Observamos familias, amigos, pueblos, organizaciones políticas y sociales que empiezan a superar un abismo que durante tiempo los mantuvo separados en dos partes enfrentadas. Llegamos al final de una larga pesadilla. La paz se acerca y por eso nos duele todo tipo de proclama revanchista. La voluntad de infligir sonada derrota a los violentos representa gran amenaza para la paz. Quienes insisten en “vencedores y vencidos†hacen flaco favor a tan clamorosa aspiración. Los que manifiestan que es preciso “poner a los terroristas brazos en alto y contra la paredâ€, “aplastarlosâ€â€¦ no parecen aspirar en verdad a la paz, gustan de la confrontación, de apurar votos…, de lo contrario jamás harían tan malogradas declaraciones.

La paz, no es sólo decisión de los violentos, de que deshagan su organización, de que cejen para siempre en su dolorosa y absurda dinámica. La paz, lo hemos de ver en el futuro inmediato, es nada desdeñable desafío también para nosotros. Exige unas dosis enorme de generosidad y altura de miras por parte de nuestros mandatarios, por parte de la ciudadanía, muy en especial de las víctimas directas de la violencia.

No queremos la victoria, nos basta sobradamente con la paz. La victoria es para los generales, la paz para los ciudadanos. ¿Qué hacemos con la victoria? ¿En dónde se emplea, qué alivia, qué procura? La paz es una inversión de felicidad y gozo compartidos. La victoria es apenas un trofeo en la vitrina, al que hay que quitarle todos los días el gran polvo que atrae.

La derrota de los violentos, la revancha, en el más “victorioso†de los casos llevan a la quietud, al silencio, al cese temporal de la violencia, mas jamás a una paz perdurable. Esta no cabe en vitrinas, pero es prodiga en júbilos y abrazos, en hogares y comunidades rehechas, reencontradas.

La paz es rencor que merma, calor que contagia; son guardaespaldas en cola de paro, concejales que no exploran debajo de sus coches, empresarios que abren sin temor todo su correo. La paz son avenidas despejadas, autobuses sin miedo, contenedores sin fuego, fiestas sin odio… La paz es aliento para las víctimas, garantía de que a otros no les alcanzará ya su dolor. La paz son cerrojos que se abren, barrotes que desaparecen, macrojuicios clausurados…; son hijos que conocen a sus padres, son compañeras sin penínsulas por atravesar para el encuentro suspirado… No caben en estas líneas las glorias de la paz. No alcanzamos aún a verlas. Ya por nada renunciaremos a la paz que se acerca con su más firme paso. Un pueblo entero, como una piña, saldría a la calle, si por uno u otro lado se tratara de frustrarla.

No queremos derrotarlos, queremos reencontrarlos. Queremos que rehagan sus vidas, sus familias, sus futuros, ¿por qué no? sus ilusiones, sus anhelos…, sus cristalerías en el lugar adecuado. La paz cicatriza las heridas, la victoria las deja, a saber hasta cuándo, supurando.

¡Bravo por las parlamentarias vascas por tan oportuno y necesario manifiesto! ¡Bravo por los sindicatos y las formaciones que se reencuentran, por cuantos empiezan a caminar sobre el difícil puente de la reconciliación!

No nos atrape el pasado, no nos veamos convertidos en estatuas de sal. Perdonemos, tendamos la mano, miremos para adelante… Ahora o a saber cuándo.

 
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