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¿HORA DE RETIRO?

No busco boca de Metro. El buen tiempo me invita a no sumergirme bajo tierra cuando llego a Madrid. Subo de "Príncipe Pío" a "Sol" a pie gozando la mañana invernal. Maleta y mochila no pesan, pese a la cuesta, después de varias horas de inmovilidad en el tren.

Camino y bendigo a la multitud con la que me cruzo, pero en realidad no estoy allí. En medio del ajetreo de Madrid se acrecienta en mí una búsqueda de retiro. Mis pasos avanzan acariciando el anhelo. No vivo el retiro como misión cumplida, como jubilación, más al contrario como un comienzo más consciente y si cabe intenso de una nueva y necesaria etapa. Para nada quiero apartarme, vivo la humanidad si cabe más presente que nunca, sólo quiero escribir una crónica más apartada, un poema más allá del atril y la geografía conocida.

Siento a la vez una cierta liberación al quitarme de encima la obsesión de un compromiso solidario con el tercer mundo que me ha perseguido a lo largo de tantos años y para el cual no me siento físicamente a la altura. Los últimos de la Tierra quizás no era el único frente de servicio, tal como me he repetido a mí mismo a lo largo de tiempo. Desde la soledad de un bosque gallego se puede contagiar paz, escribir hondo y quizás incluso bello. Seguramente no era tanto cuestión de sumar más vuelos intercontinentales, sino de ahondar también en el aún ignoto continente de adentro.

Todavía no he llegado a mi casa tras un mes de ausencia y ya estoy partiendo. La llamada del bosque se acrecienta en el gran asfalto, se torna insoslayable. Al final de todas las fastuosas avenidas capitalinas hay un fuego sencillo y humilde, una solitaria cabaña de madera. Quizás es preciso ir más al interior, agotar las esquinas de la gran urbe, si deseamos ser más útiles al mundo. En realidad, siempre hemos de estar con la maletas preparadas, siempre dispuestos para salir hacia aquello que procure mayor evolución para nuestra alma.

En algún momento estas letras volarán a la pantalla y de ella a vosotros y vosotras, queridos amigos, hermanos en el Sendero. Escribo a mano desde el banco de un "Intercambiador". Ejerzo el oficio con este antiguo y olvidado instrumento denominado “bolígrafoâ€.

En la catedral de Apple en el puro corazón de Madrid una amable joven me ha dicho que mi portátil ya se ha quedado antiguo, que me compre otro en la “planta de arribaâ€. Sin embargo, no puedo tirar una máquina fabulosa que me ha acompañado fiel a todas partes durante más de diez años. (El haberme quedado sin su cargador ha sido la razón de mi silencio durante todos estos últimos días.) ¿Cuántas veces mi alma no se derramó silente y urgida en su pantalla siempre llena de polvo...? De momento me compro un cuaderno de papel para salir al paso y retener estas reflexiones, escribir estas letras.

Madrid 4 de Enero de 2023

* La dos imágenes las he obtenido los días pasados. Frente al Palacio Real de Madrid y frente la cabaña del bosque que me aguarda.

 
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