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¿Ãngela o demonio?

Seguramente ninguna de las dos cosas, seguramente un interrogante en el camino para la reflexión impostergable. Quizás debamos pensarlo dos veces antes de lanzarle a la canciller Merkel nuestro siguiente dardo más o menos lacerante. La crisis de los refugiados le ha generado un importante descenso en la estimación del voto favorable, pero ella parece más pendiente de otros números, está más interrogada por el aumento de las cifras de quienes huyen del horror y plantan sus tiendas “quechua†en mitad del barro y la nada.
La crisis de los refugiados no se lleve por delante el sueño de la Europa unida y solidaria. El corazón del viejo continente llevaba décadas sin ser así interrogado. Toca apretujarse junto a la llama fraterna. El invierno es tiempo de encender fuegos y abrir puertas, no de sembrar alambradas, sin embargo el cielo de Alemania se nubla a menudo estos días. Es el humo negro de nuestro individualismo que sale de los establecimientos para refugiados ardiendo; es la oscura niebla de la incomprensión, del desconocimiento de que toda civilización que se precie no echa candados, no se acoraza. Al fin y al cabo, el dilema del común hogar europeo más o menos abierto, no se dirime sólo en el Bruselas de allá lejos, también en nuestro propio y personal gobierno, más íntimo, más de adentro.

Los hooligans de las fronteras blindadas viven en medio del frío su temprana primavera, pero ella no cede. La oposición a su política de acogida crece en su gobierno y en su partido, pero nuestra Ãngela/demonio mantiene entreabierto su corazón, amén de unas fronteras que ya ocho países han cerrado. "Ésta no es nuestra Europa", clama ese gobierno alemán que creíamos la caja de todos los truenos, de todos nuestros padecimientos. Nos sumamos al mismo clamor al contemplar cómo se levantan a la vera de las fronteras los campamentos de nuestro sonrojo.

Nuestra opción preferencial no es la del centro derecha, tiene más que ver con el color verde de quienes defienden la Tierra, amén de la solidaridad y la sostenibilidad en todos los órdenes. No participamos del conservadurismo de la señora Merkel, pero una vez más los valores demuestran estar por encima de la ideología. Es siempre de celebrar cuando el sentimiento de humanidad toma ventaja al color político. Escribo no tanto en defensa de un personaje, sino sobre todo para intentar poner luz sobre nuestro déficit de coherencia. Apenas hoy nadie le acerca una flor a Angela Merkel, cuando ayer todo eran improperios. ¿Era ella demonio o necesitábamos demonio? El pueblo crea sus demonios cuando no desea asumir la responsabilidad de su destino. ¿Y si resulta que el demonio tenía sus alas y su pequeño corazón? A la postre era ella quien abría sus puertas en acogida, cuando la muchedumbre errante se amontonaba junto a las alambradas. Hemos de cuidarnos de los demonios que con tanta facilidad y promiscuidad engendramos. A veces no son sino la consecuencia de nuestras propias impotencias. Siempre hay un malvado fuera y durante años a la dirigente alemana no le podíamos haber puesto más colmillos, más cuernos, más bigotes hitlerianos...

El caso de Angela Merkel es sólo un ejemplo. El ser humano da un salto cualitativo en su conciencia cuando deja de tirar balones fuera, cuando asume plenamente su responsabilidad y su destino, cuando no busca chivos expiatorios en el exterior, a la hora de encarar los problemas que le aquejan. Siempre será mucho más fácil tener una Merkel a mano sobre la que descargar todas las responsabilidades, que asumirlas nosotros mismos. La paulatina globalización de la economía y su impacto negativo en la economía más local, no fue decretada desde Berlín. El rápido desarrollo de los medios de transporte y comunicación, amén del progreso de las nuevas tecnologías, seguramente tiene más que ver con los difíciles desafíos de paro y recortes que hoy atendemos, que con los supuestos antojos de la tan cuestionada dama.

Cargar con los sinsabores del presente, a sabiendas de que algo tenemos que ver también en su siembra; asumir nuestros destinos en todo momento y no dejar de hacerlo cuando éstos se tuercen, es condición de verdadero progreso, es la única opción de quienes aspiramos a dar un siguiente paso en aquello de la evolución y el perfeccionamiento.
Arteixo 7 de Marzo de 2016
http://www.KoldoAldai.org

 
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