La hora del último aliento ya la habÃamos elegido antes de hacernos con la vestidura corporal. A la vista de nuestro “historial†encarnatorio, al otro lado del velo programamos, en compañÃa de seres celestiales, nuestra siguiente existencia. Diseñamos los parámetros principales por los que va a discurrir. Ajustamos igualmente cuánto alivio necesitaremos, con cuánta dureza deseamos cargar en la siguiente inmersión en la carne. Frecuentemente ocurre que nos sentimos fuertes y aceptamos dÃas difÃciles y nos lanzamos. No defendemos la eutanasia, por supuesto sà la entera libertad para llevarla a cabo, pero rotundamente no estamos por ella. La vida es necesaria apurarla hasta el último sorbo, pues nosotros preparamos “la bebidaâ€. Lo más progresista y emancipador no es la eutanasia, sino el conocimiento y aplicación de la Ley. Este tipo de afirmaciones no son populares, pero tampoco buscamos la popularidad, sino la Luz. El Amor y la Luz hacen brotar la Ley. Los tiempos cambian, las modas transcurren, pero no asà los principios superiores: el final no se precipita, se permite que llegue a su hora exacta. Si la Ley lo concede nos permitiremos tiempo para recapitular, enseñar, agradecer, saldar deuda... “Dura lex, sed lexâ€Â¿Por qué a ella todo ese fatalismo? ¿por qué a Noelia y no a otra persona? Que alguien nos lo explique por favor, a sabiendas de que el Misterio no juega a los dados. Toca asumir lo que hemos sembrado. El Dios todo amor no condena, tan sólo permite que vivamos las consecuencias de nuestros propios actos, para poder hacernos cargo del error. Nos quieren hacer creer que la muerta es más digna cuando se precipita en condiciones de salud extremas. No es necesariamente asÃ. La suprema aceptación de nuestro sino, la asunción y ofrenda del dolor puede ser encomiable. Si se nos apura, también santa. La eutanasia es una opción que merece todos los respetos, pero no es necesariamente una salida más digna. Tienen razón los obispos: “su verdadero alivio no era el suicidioâ€. Hay otra suerte de infinitamente superior alivio que no le hemos logrado contagiar, que una sociedad sin noción trascendente no ha sabido transmitir. Tomemos cumplida nota.¡Dios acoja en su seno a Noelia! Velouriz 30 de abril de 2026 www.velouriz.org |
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