ar. No puedo sino dar infinitas gracias a la amiga Pilar. Quisiera subir a zancadas su escalera que es también la de Blavatsky y la de los Grandes Seres. Esa escalera es muy vertical, pero lleva directa a los Cielos que anhelan nuestras almas. Quizás la vida de quien suscribe tan llena de peleas, necesitaba desembocar en esta rotunda sentencia, al pie de esos peldaños de oro. Quizás todo fuera un rodeo, a menudo incluso una deriva, hasta esa base de Comienzo. Los Maestros no se acercaron cuando estábamos prendiendo las mechas. Sencillamente no les habrÃamos escuchado. Ahora ya calla el griterÃo que asonaba las calles, se nos caen las piedras ante los uniformados, se rinde la severa rebeldÃa juvenil, se acaban las interminables grescas de una edad más adulta. Voy escribiendo por las paredes blancas de mi hogar esta máxima que me ha costado una entera vida asumir. Tolerar, aceptar era la clave que desconocÃa. Me han convencido, ella y todos los Grandes Seres que la practicaron. El coraje nunca deberá ser bronco, sino que ha de aprender a esperar. Creo que la tolerancia dejará de esperar, cederá a la lucha siempre serena y desprovista de todo rencor, cuando la vida y los derechos humanos se pongan en cuestión, sobre todo los del otro, que no necesariamente los nuestros, pero hasta entonces hay mucho trecho. Enciendo la barrita del incienso y la acerco al altar. Las piedras y los cócteles quedaron felizmente muy atrás. Hoy pido una pluma desarmada, colmada del coraje desbordado de la compasión, un teclado rendido para poder seguir cantando a la Gloria infinita de Dios. Artaza 20 de febrero de 2026 |
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